A través de la materia primigenia, la obra indaga en un universo donde conviven lo bestiario, lo antropomorfo y técnicas como engobes, pictogramas y esgrafiados. El fuego, en su capacidad transformadora, formaliza los procesos cerámicos y abre un diálogo entre la memoria ancestral y el presente.
Curanderos sin nombre propone una lectura contemporánea de los estados y transformaciones del objeto ritual, resaltando su vínculo orgánico con la naturaleza. La serie integra referencias cosmológicas, mitologías locales y territorios específicos, articulados con materiales originarios como el barro, soporte fundamental de las narrativas culturales y de las representaciones simbólicas.
La obra se presenta como un ejercicio de resistencia frente a la pérdida del saber ancestral, del mestizaje y de la tradición manual, activando imaginarios y memorias situadas en tiempos y espacios que conforman nuestra herencia cultural.
La manipulación de la materia primigenia se convierte en un punto de partida para explorar un universo en el que conviven el bestiario, lo antropomorfo y diversos procedimientos como los engobes, los pictogramas y los esgrafiados. El fuego, agente transformador esencial en la cerámica, junto con la alternancia entre bajas y altas temperaturas, abre un campo de investigación estética que formaliza los procesos materiales y revela continuidades y tensiones entre pasado y presente. En este marco, el grafismo y los gestos contemporáneos dan lugar a seres mágicos que condensan el espíritu y la sensibilidad de la obra.
El diálogo con los procesos ancestrales es fundamental. La técnica del rollo tinajero, resignificada desde una perspectiva mestiza y adaptada a prácticas actuales, articula la relación entre lo manual, lo ritual y lo simbólico. La escultura se entreteje con la gráfica y con la práctica pictórica: la composición, el espacio y la representación en el plano bidimensional funcionan como ejes que sostienen la construcción del imaginario visual. Este entramado permite un viaje interior que activa la memoria, haciendo visible aquello que configura nuestra identidad en el presente.